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Caminar, el mejor ejercicio

Uno de los ejercicios más sencillos que podemos realizar en nuestra vida diaria es andar. Quizá por no necesitar gimnasios, equipos especiales ni “personal trainers”, es fácil de menospreciar, pero se trata de una de las actividades más saludables y asequibles a nuestro alcance, y más necesarias que nunca en la situación en la que estamos, tras un año de pandemia que ha incluido varios meses de confinamiento forzoso y gimnasios cerrados.

Los efectos positivos del caminar en lo físico son de sobra conocidos: reducción de peso, menor tensión sanguínea y niveles de colesterol, menor riesgo de enfermedades cardiovasculares… Pero en los últimos años han aparecido cada vez más estudios demostrando los efectos de andar en la salud mental. Según muchos científicos, el salir a caminar (especialmente al aire libre) tiene, entre otros efectos:

  • Mejorar la capacidad de atención y memoria de nuestro cerebro.
  • Disminuir el riesgo de depresión y ansiedad.
  • Prevenir el deterioro cognitiva causado por la edad.

A esto hay que añadir además, en el caso del ejercicio al aire libre, la exposición a la luz del sol, que mejora nuestros niveles de vitamina D y de serotonina, neurotransmisor clave para mejorar la calidad del sueño y el estado de ánimo.

Caminar como preparación para el Camino.

Es previsible que en algún momento de este año (quizá en cuestión de pocos meses) los peregrinos podrán volver por fin al Camino. Al margen de sus valores añadidos espirituales, está claro que desde el punto de vista puramente físico, hacer el Camino de Santiago es el “ejercicio al aire libre” por excelencia: recorrer varios kilómetros todos los días durante una semana (como mínimo) nos proporcionará toda la actividad y contacto con la naturaleza que necesitemos. El riesgo de contagio al aire libre es ridículo, y a la hora de pasar la noche, si no deseamos entrar en un albergue, siempre podemos reservar una habitación en los numerosos hoteles y hostales que existen a lo largo del Camino.

El único problema que puede darse es que, tras un año de sedentarismo y restricciones a los movimientos, muchos de nosotros no nos encontremos habituados al esfuerzo físico que supone recorrer las etapas del Camino. Por ello, es conveniente que nos vayamos preparando desde ya mismo, cosa que en cualquier caso nos servirá como ejercicio.

Prepararse para el Camino es fácil en el fondo, y no es necesario ni siquiera seguir una tabla de ejercicios rigurosa. Consiste simplemente en acostumbrarse a caminar todos los días. Peregrinos veteranos aconsejan lo siguiente:

  1. Comenzar caminando todos los días unos 5 o 8 kilómetros como mínimo.
  2. Según pasen las semanas, ir alargando las distancias hasta los 10-15 kilómetros diarios.
  3. También conviene ir acostumbrándose a caminar llevando el peso de la mochila. Como siempre, comenzamos poco a poco, llevando solo la mochila con nuestra botella de agua, y continuamos llevando nuestro equipo completo. Hay que decir que no todos los peregrinos consideran necesario dedicar demasiado tiempo a entrenar de este modo; algunos aconsejan hacerlo solo un par de días, lo justo para descubrir si hay algo en particular que nos molesta al andar con la mochila a cuestas.
  4. Si vivimos en zonas llanas, tampoco está de más buscar para caminar lugares con repechos e incluso escaleras, con el fin de acostumbrar las piernas a las cuestas que abundan en nuestra ruta.
  5. Por último, y una vez que ya estemos en el Camino, conviene tomarse las primeras etapas con calma. El entusiasmo al comenzar por fin nuestra peregrinación nos puede llevar a forzar la marcha en los primeros días, cosa que pagaremos con casi total seguridad después. El Camino no es una competición, y nunca hay que olvidar que no se trata de ver quién llega antes.

Naturalmente, si en nuestra vida normal llevamos ya de por sí un estilo de vida activo, el anterior “programa” no resulta tan necesario: simplemente tendremos que continuar con la actividad física que hacemos normalmente, intensificándola quizá en las semanas previas al Camino. Lo importante, en cualquier caso, es la constancia: salir a andar todos los días.

Hay que añadir, por último, que en todas estas actividades el calzado es fundamental. Unos zapatos inadecuados nos pueden provocar ampollas e impedirnos caminar cómodamente. El tema de qué calzado es el más adecuado, cómo escogerlo, etc. es muy amplio y daría para un libro completo; en nuestro blog hemos mencionado el tema algunas veces en el pasado, en posts como estos: