Flechas amarillas y el padre Elías Valiña

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Si has hecho el Camino a Santiago o lo estás haciendo, sabrás lo bien marcada que está la ruta, y estarás familiarizado con el ubicuo símbolo de la flecha amarilla, el indicador estándar en toda ruta Jacobea y la señal más segura de que estamos en el camino correcto hacia Santiago.

La flecha amarilla es un símbolo relativamente reciente, que surgió coincidiendo con el renacimiento de la peregrinación en los años ochenta. Su presencia no es un accidente ni surgió de forma espontánea, sino que fue el resultado de un enorme esfuerzo por parte del hombre que hizo posible la transformación de una tradición casi olvidada en el fenómeno de masas que conocemos hoy: el padre Elías Valiña (1929-1989), que desde 1957, cuando fue nombrado párroco de O Cebreiro, se convirtió en el mayor defensor de la recuperación del camino que pasaba por delante de su iglesia.

Fue en 1984, como parte de su incansable trabajo por la restauración y promoción del Camino, que apareció la necesidad de una señalización adecuada.

Elías Valiña recibía numerosas quejas de los pocos peregrinos que hacían la ruta entonces, y que se perdían constantemente. El Padre compró un lote de pintura amarilla del mismo tipo que la usada en España para señalizar las carreteras, y fue a Saint-Jean-Pied-de-Port, el punto de inicio del Camino Francés, en su Citroën 2CV, y desde allí se fue desplazando hasta Santiago, señalando con una flecha amarilla los cientos de puntos en los que los peregrinos podían perderse. Esta, la ruta Jacobean señalizada personalmente por Elías Valiña, se considera la restauración más fiable de la ruta medieval original. Durante todos estos esfuerzos, Elías Valiña se convirtió en un gran erudito de todo lo relacionado con la peregrinación jacobea, con un amplio conocimiento sobre la historia, el arte y el patrimonio cultural, así como incontables trabajos publicados.

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En su testamento, el padre Valiña dejó a su familia a cargo de mantener la señalización del Camino, un trabajo que aún llevan a cabo; pero por supuesto, este es un trabajo demasiado exigente para tan pocas personas, así que hoy en día el testigo ha sido pasado a las asociaciaciones de voluntarios del Camino y a las administraciones públicas.

Si hoy el Camino de Santiago es algo más que un bello recuerdo de tiempos medievales, se lo debemos en su mayor parte al trabajo desinteresado del Padre Elías Valiña. La flecha amarilla no es sólo un símbolo de un esfuerzo colectivo para guiar al peregrino por rutas seguras, sino que representa también el gran trabajo de transformar lo que era poco más que un recuerdo romántico medieval en un fenómeno de masas más vivo que nunca.

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